Y pensar que hace ya un año del Círculo Polar.
De cuando aprendimos la nieve, y Aurora nos enseñó a llorar de colores y no tanto en blanco y negro.
Hace ya un año que me caí de la casi cima del mundo.
Un año desde que cualquier norte es menos norte, y el hielo ni cubre ni apaga incendios.
Medias tintas,
pero siempre un poco más
de frío
cuando no estamos,
para que hasta el último verso arañe la piel con escarcha.
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martes, 25 de marzo de 2014
sábado, 28 de septiembre de 2013
"Donde solía haber metal".
Porque todo lo hacemos sangrando, aunque ya no sepamos cortar. Aunque ya no sepamos si estático o en llamas. Aunque ya no sepamos a mar.
El hambre de vértigo, que no nos tiembla, sin encontrar la emoción perfecta, la postura. Y los mordiscos buscando la afinación. Las (de)cadencias adecuadas. Un revoltijo de carne y ecos, y grietas, y vacíos llenos de luz, que son más míos a tientas.
El vaho se nos hace cuesta arriba, y la caricia es tan rápida que levanta la piel, mientras la lengua se convierte en una oración sin fe que suplica que no se lleve también las letras.
Y nos descosemos, y nos quedamos sin aire en un barco que no es de nadie. Ya no llevamos sombrero.
Pero somos capaces de seguir bailando; o incapaces de parar. Y no sé qué más queréis.
Pero yo también.
viernes, 19 de abril de 2013
De las tablas sueltas y los juegos de palabras, o la obligación de usar las mayúsculas.
Los pasos pesados volaban por el eco de madera. La oscura tela negra bailaba lenta, dejando un suave olor a primavera con reflejos verdes. El pelo enredado en astillas y recuerdos, disimulaba una sonrisa enroscado en una trenza de raíz con flores muertas. La tinta corría helada por las venas, y un acorde menor bajaba hirviendo en dirección contraria por el mismo carril.
Huir en vuelo estático. Carcajada ensayada de fondo. Máscaras de porcelana que se rompen al caer; al ser lanzadas.
La clave está en el ruido con sabor a tropiezos y saltos.
Vertical, o negociando. Todos sabíamos que a ese vestido le gustaba cantar, ignorando a los efervescentes peces de neón que se funden con las farolas cualquier noche de borrachera.
Apaga la luz. Sigue caminando.
Y entre aller simple y giro de caleidoscopio, seguirá pese a todo la incapacidad de distinguir los orgasmos, de las cuerdas que suben y bajan el telón.
Huir en vuelo estático. Carcajada ensayada de fondo. Máscaras de porcelana que se rompen al caer; al ser lanzadas.
La clave está en el ruido con sabor a tropiezos y saltos.
Vertical, o negociando. Todos sabíamos que a ese vestido le gustaba cantar, ignorando a los efervescentes peces de neón que se funden con las farolas cualquier noche de borrachera.
Apaga la luz. Sigue caminando.
Y entre aller simple y giro de caleidoscopio, seguirá pese a todo la incapacidad de distinguir los orgasmos, de las cuerdas que suben y bajan el telón.
martes, 19 de marzo de 2013
La magia de las compañías aéreas de bajo coste, o de cómo los aviones a veces no son de papel.
Que en dos días yo voy a llegar al invierno, y no al revés. Y los "tés" van a volver a no ser "tés", si no secretos; mucho más de cerca.
Secretos muy mal guardados, todo sea dicho. Pero es que los piratas y el honor; ya sabéis.
Al fin y al cabo, recortar baldosas mojadas de norte es más aventura si son cuatro botas rotas las que se pierden con los mapas. O en.
El caso es que se pueden confundir los motores de un avión con ronroneos, las letras en la piel con primeros besos, y quedarse sin aliento con respirar a trazos.
jueves, 21 de febrero de 2013
En las paredes, teatros de sombras que saben arropar.
Está lloviendo. Es el desván del invierno. Me siento
culpable, porque hace un rato que estoy suplicándole al cristal que haya alguna
nube lo bastante triste como para llorar copos de nieve en lugar de gotas de
agua. De agua, como mis propios ojos. Partículas heladas, como balas feroces
arañando el aire en vertical. Abrasando.
Mis articulaciones crujen como madera, mis párpados como
huesos chocando. Qué bonita parece la libertad en el lienzo, pero es cuestión
de romper hilos con la realidad y ya estoy por el suelo; o por el cielo,
depende de la perspectiva.
Me escalo en horizontal, agarrándome a las paredes de mi
estómago. Un poco más yo, pero sin destruirme (raro, ¿verdad?). Una muñeca
pequeña, pero vieja, con pies de bailarina descalza, de puntillas, y sombra de
pájaro.
Sonrío al verla aletear con la tuya. Llevas sombrero en la
pared. También sonríes.
Pero el desván está vacío de cosas tangibles.
A veces estamos más cerca, como si yo me volviese un poco
más de este mundo, bajase las escaleras, y te encontrase tumbado en el sofá,
viendo la televisión. Diminuta, tú me cogerías entre tus manos, entre líneas, y
me harías crecer. Pero entonces tu sombra se difumina, se vuelve translúcida,
hasta casi disolverse, y la mía se pone triste. Así que no llego ni al quinto
escalón.
Sigue lloviendo, y las gotas se adhieren a los muros, y se
deslizan por nuestras sombras, mientras bailan entrelazadas una melodía escrita
en una partitura impermeable. Mis cuadernos sólo se mojan con sal y agujas de
relojes estropeados (tan afiladas…)
Mis dedos recorren el mecanismo arrancado, los tachones.
Engranajes de viento. Sangro las ganas de ahogar tu cuerpo en luces y suspiros
agudos, mientras les doy cuerda.
¿Cómo puede ser algo roto tan perfecto? Me clavo en tus
vértices de niebla. Mi pelo diatónico acaricia el vacío de tu ausencia, cayendo
empapado a ambos lados de la porcelana, y tu pequeña sombra se estremece entre
los brazos de una versión de mi cuerpo, más oscura, desdibujada, y sin
perfilar. Negras, como dos planos agujeros de tinta.
El cataclismo se escurre entre mis venas, y me palpita en el
pecho, casi en las caderas. Se ralentizan los latidos, y me reduzco a una fina
línea que separa tus labios. “Qué bien me bailas la lluvia y los silencios”, me
susurras al oído sin moverme. Cómo
juegan los dos pedacitos de nada electrizante.
Te viertes en mis ojos, como un haz de luz apagada, como un
monstruo cruel con buenas intenciones. Gramática del amor; y me vuelvo
diacrítica. Tus manos son como microrrelatos por mis pupilas, palpando el calor
que nos pierde, enganchados. Parece que tenemos alas, y nuestra inercia vaya a
echar a volar.
Tienes risa de relámpago, y las pestañas de tinieblas se
me inundan con mi propia lluvia. Nos movemos al ritmo, como si un gigantesco
gramófono nos ofreciese una tormenta cargada de plumas, cosquilleos, y
calambrazos. Casi parece que adquirimos un poco de color. No podemos parar de
dar vueltas, como si ya no estuviéramos en la pared, como si un gigante nos
hubiese metido en un praxinoscopio, y se deleitara con nuestra coreografía.
Electricidad estática y brújulas que no marcan el rumbo, si
no nuestro epicentro.
El huracán se ralentiza, y oigo el sonido de las cosas que
se rompen. Puede que un grito de lo que existe, o el corazón de lo que no.
¿Me tiembla la voz, o la ausencia de palabras?
No te toco. No puedo. Y miro fijamente a mi sombra,
anunciando, lamentando. Pidiendo disculpas. Casi suplicando, porque sé que soy
muy vengativa. Dos regueros más oscuros que ella misma salen desde la altura de
su cabeza y la desfiguran. Tu sombra, cabizbaja, palidece.
Hago crujir por completo mi cuerpo de marioneta.
Curiosamente, en el plano de los colores todo parece más apagado. Me pongo en
pie y camino, hasta el principio del fin, el primer escalón, y me detengo como
quien, en un cuadro, observa el abismo invisible desde un acantilado que jamás
termina.
Tres, dos, humo.
Y salto. Pongo fin a este circo. Mi circo.
Oigo tu voz al final de la oscuridad, como una luz,
dolorosamente real y cegadora.
Me deslizo hacia ella como un preso que aguanta el peso de
sus grilletes (rotos) voluntariamente.
Y me deshago escaleras abajo, hasta llegar, y tú, sin
sombrero, barres con los dedos un montoncito tintineante y tembloroso de polvo
de muñeca mezclado con sombras, que en su último aliento, se vuela y se
desparrama por el techo de la habitación.
Bailo por última vez en la luz, como ceniza volátil que se
despedaza de placer en los rayos de sol.
De nuevo, como en un bucle inevitable, dejo de existir.
Y casi lo siento.
Lo intenté. Te intenté.
Arriba, en el desván del invierno, nuestras sombras se dan
uno de esos besos de película, bajo la lluvia, mojados por la música y la
corriente chispeante. Bailan sin soltarse, oscuras, junto a las llamas de una hoguera
medieval hecha de tinta derramada.
Giran, y giran… El frío se hace calor, y las nubes, fuera,
se siente solas y lejanas. Furtivas, se cuelan en la lámina. Y nieva. Y las sombras se abrazan más fuerte, convertidas
en un garabato ardiente de noche cerrada, sobre una sábana de nieve dulce y
gélida.
Como en un film antiguo, en blanco y negro y con final
feliz.
lunes, 18 de febrero de 2013
lunes, 11 de febrero de 2013
Cuando no sabes si Melpómene o Talía....
"Todo lo que hace le viene de dentro, de un oscuro impulso. Quizá por eso es tan emocionante verla bailar. Tan peligrosa... Incluso perfecta, a veces. Pero también muy destructiva".
...Si cisne blanco...
O negro.
...Si cisne blanco...
O negro.
lunes, 14 de enero de 2013
Lo voy a llamar homicidio (in)voluntario... (Varios)
"Tus palabras no surgen por pereza y no te pinchas con alfileres porque tu sangre no brota caliente.
A veces eres dos, y las dos distintas a ti.
-No importa, me puedo acostumbrar a un rostro".
A veces eres dos, y las dos distintas a ti.
-No importa, me puedo acostumbrar a un rostro".
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"(...) A escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces, pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo".
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"El propietario de una tienda de instrumentos, que empezó el negocio como afinador de pianos, sostiene una guitarra para que la pruebe el cliente. Ya jubilado, sólo atiende a viejos conocidos; pero lo hace muy de vez en cuando.
-Ésta.
A su alrededor, el silencio. El silencio de una tienda de música, es distinto a todos los silencios. Es un silencio que espera".
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"O eras tú la cintura de aquella guitarra que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido".
-Ésta.
A su alrededor, el silencio. El silencio de una tienda de música, es distinto a todos los silencios. Es un silencio que espera".
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"O eras tú la cintura de aquella guitarra que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido".
domingo, 13 de enero de 2013
Invítame al Apocalipsis, le digo. Perdí el avión.
Y es que nunca sé a dónde mirar, llegado el punto de las
líneas desdibujadas; de tanto andar descalza, de tanto hacerlas sonar.
Me llama, como fuego. Pero yo, que ya no sé si quemo, o ardí
y ahora soy hielo, pongo los ojos en blanco y me deslizo. Como viento, porque
no soy; creo.
Por no creer en nada. Por si los ecos. O los labios húmedos
de tinta –que no sangre-, de morder, por si el silencio.
Laberintos, decía. Laberintos. No. Huracanes, llena. Por ser
tan vacío. O quizá.
Siempre quizá. A veces ojalá. Porque reír se ha vuelto tan
macabro, que ya sólo recuerda locura, cuerdas. Como marionetas rotas, y puertas
cerradas.
¿Acaricias el calor? Y yo jugando a invierno… Claro, las
terminaciones, ese fue nuestro problema.
Que no sabemos cuadrar círculos viciosos. Pero, ¿cómo íbamos
a aprender? Tan faltos de adicción. Tan adictos al vértigo.
Tan imprescindibles, decíamos. Hasta que el Sol no nos toca;
la Luna no nos mira. ¿Y ahora a qué jugamos?
A llover, a plurales que no son, a hundirnos en el techo.
A tus manos por mi medias. ¿Verdades?
A seguir andando por las líneas, descalza. Sin mirar. Sin
rompernos.
jueves, 10 de enero de 2013
De reliquias y amor.
No me he podido resistir a compartir esto, porque es... indescriptible.
Páginas amarillentas y cuarteadas, papel fino y frágil. EL OLOR. Escrito a máquina, e impreso en 1957, en Argentina. Algo que tengo entre mis manos gracias a alguien que ni siquiera conocí. Gracias, bisabuelo, que dejaste estas reliquias, y este amor a tu paso.
"Mientras a consecuencia de las leyes y de las costumbres, exista una condenación social, creando artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas de siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas, en tanto que en ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, los libros de la naturaleza del presente, podrán no ser inútiles".
Páginas amarillentas y cuarteadas, papel fino y frágil. EL OLOR. Escrito a máquina, e impreso en 1957, en Argentina. Algo que tengo entre mis manos gracias a alguien que ni siquiera conocí. Gracias, bisabuelo, que dejaste estas reliquias, y este amor a tu paso.
"Mientras a consecuencia de las leyes y de las costumbres, exista una condenación social, creando artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas de siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas, en tanto que en ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, los libros de la naturaleza del presente, podrán no ser inútiles".
jueves, 13 de diciembre de 2012
“Ser o no ser, ésa es la cuestión. ¿Qué es más noble: sufrir
en silencio las flechas y los embates de una Fortuna indigna, o levantarse en
armas contra un mar de adversidades y eliminarlas combatiendo? Morir, dormir.
Nada más… Si con el sueño se borran todos los males, ¿qué más se puede desear? Morir,
dormir… Dormir… Soñar. He ahí el problema: no saber qué sueños acompañarán el
sueño eterno. ¿Por qué, si no, soportamos el yugo opresor, el desdén de los
soberbios, el amor burlado, la lentitud de la justicia… cuando cada uno puede
liquidar sus cuentas con un simple puñal? ¿No será que sentimos temor ante el
país no explorado más allá de la muerte, un país del que no regresa ningún
viajero, y preferimos sufrir males conocidos antes que huir hacia lo
desconocido? La conciencia hace de todos nosotros unos cobardes, los colores
naturales de nuestro impulso palidecen bajo la sombra del pensamiento, y las
empresas de mayor importancia tuercen su curso y dejan de tener nombre de acción…
Pero, silencio… ¡La bella Ofelia…! Ninfa, recuerda mis pecados en tus oraciones”.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Trabajillo para clase.
TINTA Y ACORDES.
Los rayos del sol entra por el ventanal, y
hacen que la estancia, ya de por sí luminosa, desprenda una luz blanca y
apacible.
Las motas de polvo danzan en la luz.
En contraste con la armonía de la sala, el
corazón de Tinta repiquetea en su pecho como una bailarina a la que le dan
cuerda, y luego encierran en una caja de música.
Su voz, por el contrario, huye de sus
cuerdas vocales como el sonido de una campana, dulce y lejana. Acaricia la tapa
cerrada del piano, mientras Silencio, al otro extremo de la sala, juguetea con
su reloj, como siempre, con la vista fija en un cuadro.
TINTA.- Nunca fue suficiente.
SILENCIO.- Exacto. Nunca. No te has dado cuenta ahora.
TINTA (Gritando).- ¿¡Y qué esperabas que hiciera!?
SILENCIO.- Decirme la verdad. No
podía esperar menos de ti.
TINTA (En un susurro).- Como si no supieses ya la verdad…
SILENCIO.- Nunca pensé que fuera
tan fuerte. El amor.
TINTA.- ¿Lo dices por ti, o por mí?
SILENCIO.- Ambas cosas, por
desgracia.
TINTA.- Silencio, siempre has sabido
cómo soy. Sabías que terminaría marchándome tarde o temprano…
En ese momento, un joven (Cuervo) entra en
la sala, con paso firme y decidido, la mirada cargada de triunfo.
CUERVO.- ¿Ya estás lista? Tengo el
coche en marcha.
SILENCIO (Dándose la vuelta, bruscamente).- No, no está lista. Estamos
hablando. No estaría de más que esperases fuera, con tu estúpido coche.
CUERVO.- Claro… mi coche es el
estúpido.
Tinta se sienta en la banqueta del piano, y
se revuelve, inquieta, pero no dice nada que interrumpa la discusión.
SILENCIO.- ¡Desde que tú apareciste
nada ha ido bien!
CUERVO
(Calmado e impasible).- Yo sólo le
ofrecí lo que tú no podías darle. (Da
unos pasos hacia Silencio, pero manteniendo la distancia) Nunca has sabido
comprenderla.
La expresión de Silencio se torna tan blanca
como las radiantes paredes de la habitación. El aire que salía de los pulmones
de Tinta muere en la garganta, justo antes de salir, produciendo un sonido mudo
y seco.
SILENCIO.- Mira, ahí tengo que
darte la razón.
CUERVO.- ¿A caso no la quieres
tanto como dices? ¿No quieres su felicidad por encima de la tuya?
TINTA.- Cuervo…
CUERVO.- No, Tinta. Quiero
entenderlo. Comprendo que duele, pero si tanto amor te tiene…
SILENCIO (Interrumpiéndole).- El ser humano es egoísta por naturaleza.
Quiero que sea feliz, sí, pero siempre tendré clavado ese ojalá. Ojalá pudiese
ser feliz con sus sueños a pequeña escala. O mejor, ojalá que su sueño fuese
yo.
CUERVO.- Tienes razón. Es muy
egoísta.
Tinta apartó su mirada de agua de Silencio,
al que había estado observando fijamente mientras éste hablaba. Una lágrima de
sal y cristal rodó silenciosa por su mejilla.
TINTA (Su preciosa voz tintineante, agridulce, acarició suavemente el aire).-
De todos modos, yo sólo podría “ofrecerte páginas anémicas de besos”, acordes
menores escotofóbicos, y “un cubo de basura con papeles”.
SILENCIO.- Tú y tus juegos, Tinta. Cómo
los odio; desde que hicieron que me enamorase de ti. Siempre te alejan.
TINTA.- Sin tiempo y con espacio,
¿eh? Aunque nunca suficiente.
Silencio apretó el reloj entre sus manos.
SILENCIO.- Siempre estuviste fuera
de alcance, en un mundo de flores de papel y estrellas de neón. Ni en una
canción se te podría tocar.
(Tinta se pone en pie)
TINTA.- ¿Ahora te has vuelto un
poeta?
SILENCIO.- No. Sólo intento hablar
en un idioma que se parezca un poco más al tuyo. Quizá por sentirte un poco más
cerca, por última vez.
TINTA.- El eco de nuestros pasos
suena a tropiezos, Silencio. Este abismo nunca fue mío; siempre me deja con
hambre de vértigo. Esta línea recta nunca tuvo plural.
(Cuervo miraba a uno y a otro)
SILENCIO.- Sí… Parpadeas sombras, con restos de pasado en
las pestañas. Los ojos de hoguera medieval clavados en el presente, y los
sueños quién sabe en qué tiempos verbales.
TINTA.- Recitas cartas jamás escritas, y manos vacías.
CUERVO.- Es hablar por hablar. Una despedida, evitando el
adiós. Tan patético como pretender seguirle el juego a Miss poesía. Es un
triste intento de comértela a versos. (Volviéndose
hacia Tinta) ¿Nos vamos?
SILENCIO (ignorando a Cuervo).- Tinta… No es piel de porcelana limpia lo que
te pido. No te imagino sin el caos por tu cuerpo, sin tu ruido, pero…
(Tinta se estremece dentro de su vestido, blanco en tiempos pasados,
con su expresión de luna deshecha).
TINTA.- Ya lo hemos hablado,
Silencio… Nos despertamos muertos, con restos de Sol en los labios. Nos
vendemos sólo por mucho invierno, y un poco de calor. Como si fuésemos algo más
que unos extraños.
(Cuervo empieza a impacientarse, incómodo. A
pesar de la confianza que tiene en las pasiones de Tinta, teme ver un hálito de
duda en la boca temblorosa de la chica.
Sin embargo, los labios de la muchacha sólo
tiritan porque odian decir adiós, aunque desean hacerlo con todas sus fuerzas.)
CUERVO.- Tinta, deberíamos irnos
ya.
SILENCIO (A Cuervo).- ¿¡Quieres callarte de una vez!? Ya has hecho bastante.
CUERVO (Impasible, de nuevo).- Ofrecerle a tu amor lo que siempre a
querido. Lo que necesita.
TINTA.- Basta. Cuervo, espera
fuera. No te preocupes, saldré en seguida.
(Cuervo duda, por un instante, y clava sus
ojos en Tinta. Finalmente, abandona la estancia)
SILENCIO.- En seguida…
TINTA.- No hay vuelta, Silencio…
Atrás. De hoja. Me voy.
(Silencio se acerca a ella, con el peso del
mundo a su espalda)
SILENCIO.- Quiéreme, Tinta.
Quiéreme al pie del punto final.
TINTA.- ¿Qué te quiera, dices?
¿Acaso crees que no te quiero?
SILENCIO.- …
TINTA.- Mi pequeño romance… Siempre
has sido mis domingos por la tarde, ¿lo sabes?
SILENCIO.- Sí, lo sé, pero…
Quisiera ser tu adicción, y no tu costumbre.
TINTA.- Tú. Y yo. Sólo mirándonos,
y sonriendo. Sin excusa, sin temblar. Sonriendo y muriendo.
(Tinta vuelve a sentarse en el banquito, y
Silencio se sienta junto a ella, poniendo su mano sobre la de la joven)
SILENCIO.- Siempre siendo musa,
poeta, y verso, todo al mismo tiempo. El fantasma, y lo real.
(Tinta se gira, levanta la tapa del piano, y
comienza a tocar una canción suave y nostálgica, mientras Silencio la mira.
Durante un rato, sólo se escucha la música.
Finalmente, para, y deja caer las manos
sobre sus rodillas, con la cabeza gacha.
Silencio permanece mirando las teclas)
TINTA (en voz baja).- He de irme. (Carraspea,
y sube la voz) Cuervo me espera.
SILENCIO.- ¿Dónde irás? (La mirada de Tinta habla por si sola, así
que antes de que abra la boca, añade:) Lo sé, lo sé. Sólo quiero saber el
primer destino.
TINTA.- Ni yo misma lo sé. Cuervo
aún no me lo ha dicho.
SILENCIO.- Espero que te vaya bien.
De verdad.
TINTA.- Te voy a echar de menos.
SILENCIO.- No; en realidad sólo
será melancolía. De vez en cuando.
(Tinta sonrió. No era una sonrisa alegre)
TINTA.- Si que debes odiarme,
utilizando mis propias frases contra mí.
SILENCIO.- ¿Odiarte? Ojalá pudiera.
TINTA.- Serás feliz, Silencio. De
verdad que lo serás. Todo esto… se te pasará.
SILENCIO.- ¿Y a Cuervo?
TINTA.- ¿A Cuervo?
SILENCIO (riendo).- Mi preciosa catástrofe, tú siempre tan inocente. ¿No has
visto cómo te mira? No sé si conservará su calma cuando le llegue a él la
despedida.
TINTA.- Él sólo me ha ayudado.
SILENCIO.- Tinta… Bueno, en
cualquier caso él parece tener mucho más aceptado tu amor.
TINTA.- Sí. Al fin al cabo, me
descubrió por él. Y por él me ha ayudado.
(Tinta clava sus dulces ojos en el piano,
por un segundo libres de tristeza, brillantes)
SILENCIO.- Quién iba a imaginar que
aquella oferta arreglaría tu vida, y rompería la mía en pedazos. (Tras un breve instante en que ambos
permanecen callados, continúa) Echaré de menos oírte.
TINTA.- Qué tontería; mi música no
es difícil de encontrar.
SILENCIO.- No es lo mismo que verte
temblar bajo el calor de los focos, desnuda por dentro, recitando notas que, en
tu presencia, no era difícil imaginar que eran para mí. Cuando estés lejos, eso
será casi imposible.
TINTA.- Una parte de mis canciones
siempre irá para ti.
(Se miran a los ojos durante un instante
eléctrico, y comienzan acercarse, hasta que sus labios se rozan. Antes de
juntarse en un beso, Tinta gira la cabeza, y su suave boca roza la mejilla de
Silencio, como el breve aleteo de una mariposa, provocando un huracán en su
estómago)
TINTA.- Yo…
SILENCIO.- Dilo. Sé que lo odias,
pero es lo mínimo. Me lo debes. Dilo.
(Los ojos de Tinta se desbordaron, y tardó
un momento en poder hablar)
TINTA.- Adiós.
(Tinta se levantó y, sin correr, pero con
paso ligero, fue hasta la puerta. La abrió, y se detuvo un instante, pero cruzó
el umbral sin mirar atrás, y dando un ligero portazo que resonó por un instante
en la estancia, que ahora a Silencio le parecía tan vacía. Se queda paralizado,
junto al piano, mirando la puerta, y el reloj que había estado apretando, cada
vez más, ahora se escurre de sus manos. Con voz baja y rota, habla para la
ausencia de alguien que ya jamás volverá)
SILENCIO.- Un portazo; tu última
nota para mí. Nunca volveré a saber qué suelo estás pisando, qué aire estás
respirando. Pero sí sabré qué Luna te tendrá hechizada. Y siempre tendré la
certeza de que sigues a tus acordes, vayas donde vayas. Tú, y tu sonrisa, y tu
fe ciega en aquello que me leíste una vez. ¿De quién era aquella frase? No lo
recuerdo. Pero sí recuerdo qué decía: “Al fin y al cabo, como alguien dijo, la
vida es una canción, y el amor es música, y el amor es todo lo que necesitamos
en esta vida”.
Adiós, Tinta. El silencio, frente a
tu mundo de melodías, nunca fue suficiente.
FIN.
lunes, 29 de octubre de 2012
De lirios y de algo diminuto. Que no sé sangrar, si no es a letras con sal.
Sirena. De sal. Rincones húmedos de la inspiración. Flotar. Acordes. Peso y levedad. Mis letras al fondo, haciendo a tus palabras resbalar. Tus ojos clavados, mi piel se hace polvo. Volar. Mira un poco más allá; de todos modos, no verás. Y alimenta con tus versos la oscuridad, que duerme en mi boca entreabierta. Agrietar. Devastar. Pero siempre perdura el hambre, en medio del caos que no sabrías deletrear. Correr. Arañar. Tu corazón, como un tobogán. Cuerdas vocales para caminar; equilibrios, sin altura suficiente para saltar. Y me paro. Y me caigo. Y el ritmo se para, y se caen mis engranajes al abismo. Maquinaria chirriante, color Marte. Pide un motivo. Ni eso. Excusa. Vértigo. Qué más da. Que nunca supe ser de, y la carne se hace viento, que todo se lo llevará.
domingo, 21 de octubre de 2012
Mis labios secos, sangrando impaciencia. Arañazos que no tengo. Sólo mi piel se agrieta. Escuecen las costuras, desgarran los abrazos. Miradas lejanas, que no vacías. Juego desde lo más alto, a ver si nos duele el aire entre líneas. Se corrompe el orgullo, se desnuda la inocencia. Entre sábanas ajenas escondemos pesadillas.
Incluso la piel falla, y la tinta se corre sin necesidad de lluvia.
¿A qué recurrimos esta noche?
Intento sumergirme, de todas las maneras posibles, pero el humo asciende, y ya no lo veo. Me quedo abajo.
Me hago verso, y me caigo de la cama.
Las sábanas se deshacen. La almohada se duerme, y mi voz, hecha eco, se pierde.
Me cubro las letras; se me notan demasiado los abismos cuando tú me miras.
Aunque quizá hable demasiado de abismos, para estar tan necesitada de vértigo.
¿Es mi nombre eso que has dicho? No. Sólo el dibujo de un espejismo.
Mira el reflejo. Es casi como ver mi propio grito.
Hace cosquillas. Se vierte.
Sangro brillo, y se me escapa el deseo de ser una estrella. Fugaz, como tus nostalgias. Sólo por morir de algo. De madrugada. De sobredosis. De alguien.
¿A qué recurrimos esta noche?
Intento sumergirme, de todas las maneras posibles, pero el humo asciende, y ya no lo veo. Me quedo abajo.
Me hago verso, y me caigo de la cama.
Las sábanas se deshacen. La almohada se duerme, y mi voz, hecha eco, se pierde.
Me cubro las letras; se me notan demasiado los abismos cuando tú me miras.
Aunque quizá hable demasiado de abismos, para estar tan necesitada de vértigo.
¿Es mi nombre eso que has dicho? No. Sólo el dibujo de un espejismo.
Mira el reflejo. Es casi como ver mi propio grito.
Hace cosquillas. Se vierte.
Sangro brillo, y se me escapa el deseo de ser una estrella. Fugaz, como tus nostalgias. Sólo por morir de algo. De madrugada. De sobredosis. De alguien.
viernes, 19 de octubre de 2012
Punto; nadie sabe cómo.
Oyes el crepitar del fuego, que en realidad es agua. Agua arrastrando recuerdos y olvidos. Te hundes. Y respiras. Rozas el calor que despierta en tus ojos, empapados. Llueves. Tiemblas. El deseo se hace dientes afilados; la posibilidad se hace lengua. Y de los labios, ligeramente separados, se escapa una traición, que se deshace en eco, y se torna brillo. Aullidos; gota a gota, grieta a grieta. Al final, la sonrisa de la luna traspasa las piedras y difumina cada sombra. Ligera, aprieta.
"Está hecha de cicatrices; es el verbo en carne viva".
Allí estaba, como un poema en carne y hueso que juguetea,
saltarín. El tintineo de un giro tras otro.
Los pies descalzos sobre la fina línea recta que hace que todo gire. El hambre de vértigo a una distancia prudencial del cielo.
Era pura rima, en acordes disonantes, arañando el papel.
Los pies descalzos sobre la fina línea recta que hace que todo gire. El hambre de vértigo a una distancia prudencial del cielo.
Era pura rima, en acordes disonantes, arañando el papel.
Qué fácil es bajo la lluvia. ¿Y cuando deja de llover?
jueves, 4 de octubre de 2012
Insomnio asfixiándose en humo. Letras ahogándose en café. Me echo de menos. Otra vez.
La nada sueña música, en los vértices más vacíos. Hasta del silencio. La melodía. Aún no inventada, latía en sus ojos. Disonante. Caos organizado entre los dedos, que retorcían colores diluidos. Sombras descorazonadas de realidad y perfección. Donde me llueves a errores. Y ya no sé si el amor es por la piedra o por el intento.
sábado, 1 de septiembre de 2012
"Hay que decir adiós a quien siempre se despidió, porque se pasó la vida despidiéndose. Nunca lo hizo de un modo sentimental, apenas dolorosamente; se despedía siempre con la exactitud de un cronista que atrapa el pasado, porque quiere la realidad presente, el germen del futuro.
Esta búsqueda del tiempo perdido que ha sido siempre una parte esencial del escritor: arrebatar al olvido lo que nos pertenece, atrapar otra vez el vértigo de lo que hemos vivido, mirar hacia el pasado invisible para hacerlo transparente".
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